¿ Que es la Medeumnidad?
La mediumnidad es una facultad que permite la comunicación de los Espíritus con los hombres y que muchas personas ya traen consigo al nacer, independientemente de su religión o doctrina. “Todo aquel que siente, en cualquier grado, la influencia de los Espíritus es, por ese hecho, médium. Esta facultad es inherente al hombre; por lo tanto, no constituye un privilegio exclusivo. (…) Puede, pues, decirse que todos son, más o menos, médiums. (Allan Kardec, El Libro de los Médiums, capítulo XIV).
“Dad de gracia lo que de gracia recibisteis”.
El Evangelio Según el Espiritismo ALLAN KARDEC – Cap. 26
La práctica mediúmnica espiritista es aquella que se ejerce con base en los principios de la Doctrina Espírita y dentro de la moral cristiana. Por lo tanto, en ninguna hipótesis el médium podrá cobrar, exigir o aceptar cualquier forma de recompensa material por estas actividades…
Tipos de mediumnidad / médiums
Los principales tipos de mediumnidad son:
De efectos físicos: este tipo puede dividirse en dos grupos, es decir, los facultativos, que tienen conciencia de los fenómenos que producen, y los involuntarios o naturales, que son inconscientes de sus facultades, pero son utilizados por los espíritus para provocar manifestaciones fenoménicas sin que lo sepan.
De médiums sensitivos o impresionables: son personas susceptibles de sentir la presencia de los espíritus mediante una vaga impresión. Esta facultad se desarrolla por el hábito y puede alcanzar tal sutileza, que quien la posee reconoce, por la impresión que experimenta, no solo la naturaleza, buena o mala, del espíritu que se acerca, sino incluso su individualidad.
Médiums audientes o clarividentes: en este caso los médiums oyen la voz de los espíritus. El fenómeno se manifiesta algunas veces como una voz interior, que se hace oír en el ámbito íntimo. Otras veces, ocurre como una voz exterior, clara y distinta, similar a la de una persona viva. Los médiums audientes pueden, así, establecer conversación con los espíritus.
Médiums videntes o clarividentes: están dotados de la facultad de ver los espíritus. Cabe destacar que el médium no ve con los ojos, sino que es el alma la que ve y por eso es que tanto ven con los ojos cerrados como con los ojos abiertos.
Mediumnes psicofónicos: en este tipo, el médium sirve como un instrumento mediante el cual el espíritu se comunica por la palabra; así, hay un acoplamiento del periespíritu del espíritu comunicante en el periespíritu del médium, permitiendo, así, que el espíritu utilice el aparato fonador del médium para hacer uso del habla.
Mediuns de sanación: Este tipo de mediumnidad consiste, principalmente, en el don que poseen ciertas personas de curar con el simple toque, con la mirada, incluso con un gesto, sin la ayuda de ningún medicamento. No se dudará en decir que esto no es más que magnetismo. Evidentemente, el fluido magnético desempeña un papel importante. Sin embargo, quien examina cuidadosamente el fenómeno reconoce sin dificultad que hay algo más. La magnetización ordinaria es un verdadero tratamiento sistemático, regular y metódico. En el caso que analizamos, las cosas suceden de manera completamente diferente. Todos los magnetizadores son más o menos aptos para curar, siempre que sepan conducirse adecuadamente, mientras que en los médiums curadores la facultad es espontánea y algunos incluso la poseen sin haber oído jamás hablar del magnetismo. La intervención de una potencia oculta, que es lo que constituye la mediumnidad, se hace manifiesta, en ciertas circunstancias, sobre todo si consideramos que la mayoría de las personas que pueden, con razón, ser calificadas de médiums curadores recurren a la oración, que es una verdadera evocación.
Mediums mecánicos: Quien examine ciertos efectos que se producen en los movimientos de la mesa, de la cesta, o de la tablilla que escribe, no podrá dudar de una acción directamente ejercida por el Espíritu sobre estos objetos. La cesta se agita a veces con tanta violencia que se escapa de las manos del médium y no rara vez se dirige hacia ciertas personas de la asistencia para golpearlas. Otras veces, sus movimientos muestran un sentimiento afectuoso. Lo mismo ocurre cuando el lápiz está colocado en la mano del médium; con frecuencia es lanzado lejos con fuerza, o bien, la mano, así como la cesta, se agitan convulsivamente y golpean la mesa de manera colérica, aun cuando el médium está poseído de la mayor calma y se maravilla de no ser dueño de sí mismo. Digamos, de paso, que tales efectos demuestran siempre la presencia de Espíritus imperfectos; los Espíritus superiores son constantemente tranquilos, dignos y benévolos; si no son escuchados convenientemente, se retiran y otros toman su lugar. Puede, pues, el Espíritu expresar directamente sus ideas, ya sea moviendo un objeto al que la mano del médium sirve de simple punto de apoyo, ya sea actuando sobre la propia mano.
Cuando actúa directamente sobre la mano, el Espíritu le da un impulso completamente independiente de la voluntad de este último. Se mueve sin interrupción y sin impedimento del médium, mientras el Espíritu tenga algo que decir, y se detiene cuando termina.
En esta circunstancia, lo que caracteriza el fenómeno es que el médium no tiene la menor conciencia de lo que escribe. Cuando ocurre esto, en el caso, hay inconsciencia absoluta; se tienen los médiums llamados pasivos o mecánicos. Y esta facultad es preciosa, porque no permite ninguna duda sobre la independencia del pensamiento de quien escribe.
Médiums intuitivos: 180. La transmisión del pensamiento también se da por medio del Espíritu del médium, o, mejor, de su alma, pues por este nombre designamos al Espíritu encarnado. El Espíritu libre, en este caso, no actúa sobre la mano para hacerla escribir; no la toma, no la guía. Actúa sobre el alma, con la que se identifica. El alma, bajo ese impulso, dirige la mano y esta dirige el lápiz. Notemos aquí una cosa importante: el Espíritu libre no se sustituye al alma, ya que no puede desplazarla. La domina, a pesar de ella, y le imprime su voluntad. En tal circunstancia, el papel del alma no es de completa pasividad; recibe el pensamiento del Espíritu libre y lo transmite. En esta situación, el médium tiene conciencia de lo que escribe, aunque no exprese su propio pensamiento. Y esto es lo que se llama médium intuitivo.
Pero, siendo así, se dirá, nada prueba que sea un Espíritu extraño quien escribe y no el del médium. Efectivamente, la distinción a veces es difícil de hacer, pero puede suceder que eso presente poca importancia. No obstante, es posible reconocer el pensamiento sugerido, por no ser nunca preconcebido; nace a medida que la escritura va siendo trazada y, a menudo, es contrario a la idea que se había formado anticipadamente. Puede incluso estar fuera de los límites de los conocimientos y capacidades del médium.
El papel del médium mecánico es el de una máquina; el médium intuitivo actúa como lo haría un intérprete. Este, de hecho, para transmitir el pensamiento, necesita comprenderlo, apropiarse de él, de cierto modo, para traducirlo fielmente y, sin embargo, ese pensamiento no es suyo, solo le atraviesa el cerebro. Tal precisamente es el papel del médium intuitivo.
Médiuns semimecánicos: 181. En el médium puramente mecánico, el movimiento de la mano es independiente de la voluntad; en el médium intuitivo, el movimiento es voluntario y opcional. El médium semimecánico participa de ambos estos tipos. Siente que a su mano se le da un impulso, a pesar de sí mismo, pero, al mismo tiempo, tiene conciencia de lo que escribe, a medida que se forman las palabras. En el primero, el pensamiento viene después del acto de escribir; en el segundo, lo precede; en el tercero, lo acompaña. Estos últimos médiums son los más numerosos.
Mediumnidades inspiradas: 182. Todo aquel que, tanto en el estado normal como en el de éxtasis, recibe, mediante el pensamiento, comunicaciones ajenas a sus ideas preconcebidas, puede ser incluido en la categoría de los médiums inspirados. Estos, como se ve, forman una variedad de la mediumnidad intuitiva, con la diferencia de que la intervención de una fuerza oculta es mucho menos sensible, por cuanto al inspirado le resulta todavía más difícil distinguir el pensamiento propio de lo que se le sugiere. La espontaneidad es lo que, sobre todo, caracteriza el pensamiento de este último género. La inspiración nos llega de los Espíritus que nos influyen para el bien o para el mal; sin embargo, procede principalmente de aquellos que quieren nuestro bien y cuyos consejos muy a menudo cometemos el error de no seguir. Ella se aplica, en todas las circunstancias de la vida, a las resoluciones que debamos tomar. Bajo este aspecto, puede decirse que todos son médiums, puesto que no hay quien no tenga sus Espíritus protectores y familiares, esforzándose por sugerir a los protegidos ideas salutíferas. Si todos estuvieran bien conscientes de esta verdad, nadie dejaría de recurrir con frecuencia a la inspiración de su ángel de la guarda, en los momentos en que no se sabe qué decir o hacer. Que cada uno, pues, lo invoque con fervor y confianza, en caso de necesidad, y con mucha frecuencia se sorprenderá de las ideas que le surgen como por encanto, ya se trate de una resolución a tomar o de algo que componer. Si no surge ninguna idea, es que hay que esperar. La prueba de que la idea que sobreviene es ajena a la persona de quien se trate está en que, si tal idea le hubiera existido en la mente, esa persona sería dueña de utilizarla en cualquier momento y no habría razón para que no se manifestara a voluntad. Quien no es ciego no necesita hacer nada más que abrir los ojos, para ver cuando quiera. De la misma manera, quien posee ideas propias las tiene siempre a su disposición. Si no le vienen cuando quiere, es que está obligado a buscarlas en algún lugar, que no en su interior.
También se pueden incluir en esta categoría a las personas que, sin estar dotadas de una inteligencia fuera de lo común y sin salir del estado normal, tienen relámpagos de una lucidez intelectual que les da momentáneamente una facilidad inusual de concepción y de elocución y, en ciertos casos, el presentimiento de cosas futuras. En esos momentos, que con acierto se llaman de inspiración, las ideas abundan, bajo un impulso involuntario y casi febril. Parece que una inteligencia superior viene a ayudarnos y que nuestro espíritu se ha desembarazado de un peso.
Mediumnes psicógrafos: Transmiten las comunicaciones de los espíritus a través de la escritura. Se subdividen en mecánicos, semimecánicos e intuitivos. Los mecánicos no tienen conciencia de lo que escriben y la influencia del pensamiento del médium en la comunicación es casi nula. Como hay un gran dominio de la entidad sobre la facultad mediúmnica, la idea del espíritu comunicante se expresa con mayor claridad. Hay casos en que el médium psicógrafo redacta mensajes complejos conversando con otras personas, totalmente distraído de lo que escribe. En cuanto a los semimecánicos, la influencia de la entidad comunicante sobre las facultades mediúmnicas no es tan intensa, pues la comunicación sufre la influencia del pensamiento del médium. Esto ocurre con la mayoría de los médiuns psicógrafos. Con respecto a los intuitivos, estos reciben la idea del espíritu comunicante y la interpretan, desarrollándola con los recursos de sus propias posibilidades morales e intelectuales.
Médiums de presentimientos: El presentimiento es una intuición vaga de las cosas futuras. Algunas personas tienen esta facultad más o menos desarrollada. Puede deberse a una especie de segunda vista, que les permite entrever las consecuencias de las cosas actuales y la filiación de los acontecimientos. Pero, muchas veces, también es resultado de comunicaciones ocultas y, sobre todo en este caso, es que se puede dar a quienes están dotados de ella el nombre de médiums de presentimientos, que constituyen una variedad de los médiums inspirados.
Fuente: Allan Kardec, El libro de los Médiums
«El médium tiene la obligación de estudiar mucho, observar intensamente y trabajar en todo momento para su propia iluminación. Sólo así podrá capacitarse para el cumplimiento de la tarea que se le ha confiado, cooperando eficazmente con los espíritus sinceros y devotos del bien y de la verdad. «
XAVIER, Francisco C. O consolador. Pelo Espírito Emmanuel, q. 392.
